Hablar de la formación de jóvenes tenistas lleva implícito considerar aspectos físicos y deportivos del jugador pero implica abordar también aspectos integrales de su desarrollo como persona. En la Academia entendemos que la formación de un buen jugador de tenis va ligada a la formación de una buena persona, con una cultura en los sencillos valores de siempre como el respeto, la humildad, el compañerismo y el sacrificio.

 

Vivimos en la era digital, una época de inmediatez, donde reina la necesidad de obtener respuestas fáciles y rápidas y todo ello impacta inevitablemente sobre la paciencia y el rendimiento de nuestros jóvenes. Sin embargo, la práctica de un deporte como el tenis les permite construir su fortaleza interior a través de grandes enseñanzas con las que se encuentran en cada entrenamiento o en cada competición: días tristes, días de satisfacción y orgullo y también días de rabia o de frustración cuando las cosas no salen como ellos esperan. Pero aprenden a volver a intentarlo, a seguir luchando y a saber que lo importante no es caerse, sino levantarse una y otra vez para ganar un partido, o el resto de su vida, para sacar la nota que quieren en un examen o para conseguir el trabajo que les apasiona.